Liderazgo y Psicología OrganizacionalSíndrome del impostor

Gano 150.000 euros y sigo pensando que van a descubrirme. La confidencia de un directivo que se siente un fraude.

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El peso invisible del éxito

«Cuanto más éxito tengo, más miedo tengo de que me descubran.»

Quedamos en un café del centro. Él pidió que no usara su nombre real. «Llamémosle Javier», me dijo. Tiene 44 años. Es director de una empresa tecnológica. Gana 150.000 euros al año. Tiene un equipo de 30 personas a su cargo. Y cada mañana, antes de entrar en la oficina, se mira al espejo y se dice: «hoy es el día en que descubrirán que no sé nada».

Lleva veinte años en el sector. Ha ascendido. Ha ganado premios. Le han felicitado. Pero él sigue sintiendo que es un fraude. Que todo ha sido suerte. Que en cualquier momento, alguien pedirá ver sus papeles y descubrirá que no merece estar donde está.

Esta es su confidencia. La he escrito en primera persona, con sus palabras, porque así duele más. Y porque así, quien la lea, sabrá que no está solo.

📌 Un dato que no te contarán en la escuela de negocios: El 70% de los directivos ha sentido síndrome del impostor en algún momento de su carrera. El 70%. No es una rareza. Es una epidemia silenciosa.

🗣️ «Me llamo Javier. Soy un fraude. O eso creo.»

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«Tengo 44 años. Soy director de una empresa tecnológica. Gano 150.000 euros al año. Y cada mañana, antes de entrar en la oficina, me miro al espejo y pienso: ‘hoy es el día’. El día en que alguien pedirá ver mis credenciales. El día en que descubrirán que no sé hacer mi trabajo. El día en que me señalarán con el dedo y dirán: ‘este no vale, es un fraude’.»

— Javier, director de tecnología

Javier no empezó así. Cuando le ascendieron a director, se sintió orgulloso. Merecido. Durante unos meses. Luego, empezaron las dudas. «¿Y si no estoy a la altura?» «¿Y si me han ascendido por error?» «¿Y si el equipo descubre que sé menos que ellos?»

Las dudas se convirtieron en rumores internos. Los rumores, en convicciones. Y las convicciones, en terror. Hoy, Javier vive con el miedo constante a ser descubierto. Y lo peor es que no puede contarlo. Porque si lo cuenta, parece débil. Y un director no puede ser débil.

⚠️ La trampa del directivo exitoso: Cuanto más éxito tienes, más tienes que perder. Y cuanto más tienes que perder, más miedo tienes a que te descubran. El síndrome del impostor no afecta a los que fracasan. Afecta a los que triunfan. Por eso es tan cruel.

🗣️ El diálogo interior que no cesa

—¿Y si hoy descubren que no sé programar?
—Pero si ya no programas. Eres director. Tu trabajo es liderar.
—Lo sé. Pero ellos no lo saben. Creen que sé. Y si descubren que no sé, me van a dejar de respetar.
—¿Te han dado alguna vez motivos para pensar eso?
—No. Pero es cuestión de tiempo.

Este diálogo, que Javier repite a diario en su cabeza, es la manifestación del síndrome del impostor. No se basa en hechos. Se basa en miedos. Miedos irracionales, pero poderosos. Miedos que no se callan con lógica. Porque la lógica no puede con la emoción.

📢 Relacionado: Si te resuena esta historia, te recomiendo leer el análisis sobre por qué los equipos excelentes terminan fracasando. La inseguridad del líder puede contagiar a todo el equipo. Y Javier lo sabe.

💔 El día que Javier tocó fondo

Fue en una reunión de directivos. Le pidieron su opinión sobre un proyecto estratégico. Él sabía la respuesta. Llevaba semanas preparándose. Pero cuando abrió la boca, salió un hilo de voz. Tartamudeó. Dio una respuesta confusa. Sus compañeros le miraron extrañados. Él se sintió como un idiota.

Esa noche, no durmió. Llamó a su mujer. Le contó todo. Lo que sentía. Lo que temía. Ella le escuchó. Y luego le dijo: «Javier, llevas veinte años en esto. Has ascendido. Te han felicitado. ¿Crees que todos esos premios son casualidad? ¿Crees que tu jefe, que no es tonto, te habría ascendido si no valieras?».

Javier no supo qué responder. Pero algo cambió. Alguien le había dicho en voz alta lo que él no se atrevía a decirse. Y esa noche, por primera vez, durmió un poco mejor.

📌 Una frase que Javier no olvida: «El síndrome del impostor no es una señal de que no vales. Es una señal de que te importa. La gente que no se cuestiona no mejora. Los que se cuestionan, crecen.»

📋 Los 3 miedos que paralizan a Javier (y a muchos directivos)

😨 1. Miedo a que descubran que no sabe todo
Pero ningún líder lo sabe todo. La diferencia está en quien lo admite y quien lo oculta. El que lo oculta vive con miedo. El que lo admite vive en paz.

😨 2. Miedo a que le comparen con sus antecesores
Javier es el tercer director en cinco años. Los dos anteriores fracasaron. Él tiene miedo de ser el tercero. Pero olvida que ya lleva dos años en el puesto, y los resultados son buenos.

😨 3. Miedo a que su equipo sea mejor que él
Javier tiene un equipo brillante. Gente que sabe más que él en sus áreas. En lugar de celebrarlo, lo vive como una amenaza. El día que aprenda a disfrutarlo, dejará de tener miedo.

✅ Lo que Javier hace ahora para callar a su impostor (y le funciona)


Escribe sus logros — Una vez al mes, anota tres cosas que ha conseguido. Las relee cuando el impostor ataca.

Habla con su mujer — Ella le da perspectiva. Le recuerda lo que él no ve.

Ayuda a otros directivos — Cuando escucha a un colega con las mismas dudas, se da cuenta de que no está solo. Y de que si él puede ayudar, es que algo sabe.

Acepta que no lo sabe todo — Y lo dice abiertamente. «No lo sé, ¿tú qué opinas?». La honestidad le ha quitado un peso de encima.

Va a terapia — Desde que empezó, el impostor ha bajado la voz. No ha desaparecido. Pero ya no grita. Solo susurra.

🗣️ Lo que dice su terapeuta: «El síndrome del impostor no es un problema de competencia. Es un problema de percepción. Javier es objetivo, no se ve como los demás le ven. Su trabajo no es ser más competente. Es ajustar su percepción.»

🧠 Lo que Cristina aprendió de Javier

El síndrome del impostor no discrimina. Le puede pasar al becario. Y también al director que gana 150.000 euros. La diferencia no está en el éxito externo. Está en la percepción interna. Javier es objetivo. Tiene logros. Tiene reconocimiento. Tiene un equipo que le respeta. Pero él no lo ve. Porque su impostor le susurra mentiras cada mañana. La buena noticia es que se puede callar. No desaparece del todo. Pero se puede reducir a un susurro. Con terapia. Con apoyo. Con autocompasión. Y sobre todo, hablando. Porque el síndrome del impostor se alimenta del silencio. Cuando lo compartes, pierde poder. Javier lo hizo. Y tú también puedes.


Cristina Isant Varela
Fundadora de 13NIX Editorial
Lienzo Oculto


Javier existe. He cambiado su nombre para proteger su identidad. El 70% de directivos con síndrome del impostor es un dato real. El diálogo con su mujer también. El resto es experiencia. La experiencia de quien ha visto a directivos brillantes sufrir en silencio. Y de quien ha aprendido que el primer paso para callar al impostor es nombrarlo.

Cristina Isant Varela

Cristina Isant Varela es fundadora de 13NIX Editorial. Ha vivido en Estambul, y en Italia y combina las humanidades con la gestión empresarial. En Lienzo Oculto escribe editoriales y sobre liderazgo con alma.

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